La reapertura del Mundial Bar, situado en la Plaça de Sant Agustí Vell, es más que un nuevo capítulo: es la continuación respetuosa de un legado que forma parte del patrimonio emocional de la ciudad. Fundado por Miquel Tort Robiralta en 1925, el local fue durante décadas un auténtico centro neurálgico del Born, punto de encuentro vecinal, cultural y político, y refugio de conversaciones infinitas entre tapas, marisco y vasos de vino.

Un bar que fue barrio, cultura y conversación
Pocos espacios pueden presumir de haber acogido a figuras como Gabriel García Márquez, Antoni Gutiérrez Díaz o Santiago Carrillo, sentados en las mismas mesas de mármol que hoy vuelven a recibir al público. Mundial Bar fue también sede de una popular peña de boxeo en los años treinta, cuando el deporte y la calle marcaban el ritmo de la vida social barcelonesa, una esencia que se mantuvo viva hasta bien entrados los años sesenta.
Grup Confiteria, que este año celebra su centenario, asume la reapertura como un acto de responsabilidad cultural. Así lo expresa su fundador, Lito Baldovinos, para quien el proyecto representa “la Barcelona real, la ciudad con alma y carácter que merece ser preservada”. Una declaración de intenciones que se materializa en cada decisión, desde la cocina hasta el diseño del espacio.

Gastronomía popular, arquitectura con memoria
La propuesta culinaria se mantiene fiel al espíritu original: tapas, platillos y platos de pescado y marisco a precios competitivos, sin artificios ni reinterpretaciones forzadas. Una cocina honesta, directa y profundamente barcelonesa, pensada para el barrio y para quienes buscan autenticidad sin nostalgia impostada.
En paralelo, el interiorismo del local se convierte en un viaje por el tiempo. A la izquierda, la icónica barra de mármol, acompañada de estanterías repletas de botellas que evocan los bares de toda la vida. A la derecha, un mural de seis metros, reproducido fielmente a partir de fotografías históricas, preside la sala junto a las mesas originales de mármol y hierro.

El pasillo central funciona como un archivo vivo, con imágenes y cuadros que narran las distintas etapas del bar, mientras que la fachada recupera el cartel original, sellando ese delicado equilibrio entre pasado y presente.
La reapertura de Mundial Bar confirma que preservar el patrimonio gastronómico también es una forma de construir futuro. Un proyecto que no busca replicar lo que fue, sino mantener viva su esencia, devolviendo al Born uno de sus espacios más queridos y recordándonos que la verdadera modernidad, a veces, consiste en saber mirar atrás con respeto.




