domingo, septiembre 27, 2026
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    Enric Granados suma Pizzabar: diseño industrial, cocina para compartir y una terraza con mucho pulso

    Pizzabar acaba de abrir en Barcelona y lo hace en uno de esos rincones de Enric Granados que invitan a quedarse. Terraza, diseño industrial, una carta que divide el protagonismo entre pizzas de masa fina y tapas gastronómicas, y un ambiente pensado tanto para una cena tranquila como para una noche entre amigos.

    Hay ubicaciones que ayudan a explicar un restaurante antes incluso de sentarse a la mesa. Pizzabar ocupa la esquina de Enric Granados con París, justo donde esta parte del Eixample gana espacio peatonal y la calle comienza a funcionar casi como una prolongación natural de la vida social que baja desde la Diagonal. Y ahí, delante del local, aparece una de sus grandes bazas: una terraza amplia, abierta al barrio y especialmente apetecible para esas comidas y cenas que no necesitan demasiadas excusas para alargarse.

    Abierto este mes de septiembre, Pizzabar llega a Barcelona con una idea bastante más ambiciosa de lo que podría sugerir la palabra pizzería. No trabaja la pizza napolitana ni pretende reproducir el imaginario del restaurante italiano tradicional. Su punto de partida es una masa fina, ligera y crujiente, acompañada en su práctica totalidad por ingredientes de origen catalán, y una carta paralela de tapas que tiene suficiente entidad para competir por sí sola con las pizzas.

    © Pizzabar. All rights reserved.

    Esta semana nos sentamos en una de sus mesas para conocer de cerca el nuevo espacio. Y antes de llegar a la comida, hay algo que merece atención: el interior sorprende precisamente porque no responde a lo que uno espera encontrar en una pizzería. El proyecto, diseñado por Oficina Satélite, apuesta por una estética industrial muy limpia, dominada por grises, superficies metalizadas y una bodega a la vista que aporta profundidad al conjunto.

    Pizzabar demuestra en Barcelona que una pizzería puede tener tanta personalidad en la cocina, el diseño y la bodega como en su propia masa.

    La planta superior esconde además un privado especialmente atractivo para grupos o celebraciones más íntimas, mientras que hasta los baños participan del lenguaje visual del restaurante. Nada más entrar en esta zona, los grandes espejos continúan sobre los lavabos y prolongan esa estética industrial que recorre todo el espacio. Es uno de esos detalles inesperados que terminan dando personalidad al lugar.

    © Pizzabar. All rights reserved.

    Al frente del restaurante está Antonella Rullo, una anfitriona cercana y atenta que representa bien el carácter de un equipo joven, entusiasta y con ganas de hacer funcionar el proyecto. Junto a ella, el equipo de Barcelona reúne perfiles con experiencia en gastronomía y sala: Rafa Blanc en la dirección general, Mireia Bigorra en Operaciones, Fernando Duffo en Sala y PR, Guillem Morales al frente de cocina y Johnatan Naranjo en la pizzería.

    La carta plantea después un dilema bastante agradable: hay una carta de tapas y otra de pizzas, y cuesta decidir cuál merece más atención. En nuestro caso, la respuesta sería no elegir y compartir.

    © Pizzabar. All rights reserved.

    Entre las tapas, las ostras son un buen comienzo —también disponibles con leche de tigre— y las gildas, especialmente la versión XL con sardina ahumada, funcionan perfectamente como primer gesto de la mesa. Después llegan platos que demuestran que la cocina tiene recorrido propio: la milanesa de berenjena a la parmigiana, probablemente una de las propuestas que más apetece volver a pedir; el puerro caramelizado con espuma de stracciatella y pesto de pistacho, mucho más sorprendente de lo que su descripción puede anticipar; y los langostinos en tempura con salsa de kimchi y curry.

    Después están las protagonistas. La Trifásica, con tomate, mozzarella, stracciatella y pesto de pistachos, es una de las combinaciones más redondas de la carta. La Carbonara, con mozzarella, huevo, guanciale, parmesano y pimiento, juega en un registro más intenso. Y la Pera, con mozzarella, gorgonzola, pera, nueces y miel, demuestra especialmente bien cómo funciona esa masa fina cuando se combina con ingredientes más dulces y cremosos.

    © Pizzabar. All rights reserved.

    La bodega acompaña sin complicaciones innecesarias, con vinos tradicionales y naturales, referencias catalanas y españolas junto a etiquetas de Borgoña, Chablis o Champagne. La idea es coherente con el resto: pedir distintas cosas, compartirlas y dejar que la cena encuentre su ritmo.

    Entre la terraza de Enric Granados, las tapas, las pizzas finas y un interior industrial inesperado, Pizzabar tiene todos los ingredientes para convertirse en una de esas mesas que se repiten.

    Y conviene reservar sitio para el final. El tiramisú funciona perfectamente para quienes prefieren un clásico, mientras que la mousse de chocolate con nibs de cacao va directa a quienes quieren terminar sin rebajar intensidad. Pero el postre que mejor resume el punto lúdico de Pizzabar es la ensaimada del Mistral planchada con chocolate fundido: llega a la mesa y el chocolate se vierte por encima en el momento, convirtiendo el final de la cena en una de esas imágenes que inevitablemente terminan en Instagram.

    Rafa Blanc resume buena parte de la filosofía del proyecto con una frase sencilla: “La pizza une a todo el mundo, es una fiesta en sí misma”. Pero precisamente lo interesante de Pizzabar Barcelona es todo lo que han decidido construir alrededor de ella: una cocina con suficiente personalidad, una buena bodega, diseño, ambiente y un espacio capaz de funcionar igual de bien para una cena a dos, una mesa entre amigos o una noche que empieza con intención de acabar pronto y termina haciendo exactamente lo contrario.

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