Hubo una década en la que la música electrónica cambió de piel. Entre los años 2000 y 2010, el indie se electrificó, las guitarras se cruzaron con sintetizadores afilados y los ritmos 4×4 empezaron a marcar una nueva narrativa en la noche europea. No fue una transformación sonora; fue también una actitud, una estética y una manera distinta de ocupar la pista de baile.
En ese paisaje musical, nombres como Daft Punk, MGMT, Simian Mobile Disco, LCD Soundsystem, Klaxons, Digitalism o Justice definieron una sensibilidad que desbordó los clubs para instalarse en la cultura contemporánea. Fue la era en la que el sonido dejó de entenderse por géneros cerrados y empezó a vivirse como una mezcla intuitiva de referencias, impulso y libertad.
Ahora, esa pulsión regresa a Barcelona de la mano de Epiq, una propuesta que recupera el espíritu de la indietrónica sin caer en la nostalgia fácil. La cita, que celebrará su inauguración el sábado 16 de mayo en Sala Apolo, no plantea un homenaje estático al pasado, sino una reinterpretación de una escena que sigue latiendo en la memoria colectiva de toda una generación.
Porque Epiq no se plantea como un simple tardeo ni como una excusa dominical, sino como un espacio donde reconectar con aquellos temas que marcaron una época y que todavía hoy conservan intacta su capacidad de activar el cuerpo y el recuerdo. Hay canciones que no envejecen: simplemente esperan el momento adecuado para volver a sonar en el lugar correcto.

El viaje musical correrá a cargo de Raúl Naro, DJ residente con más de una década de experiencia, encargado de conducir una sesión pensada como un relato ascendente. Desde la intensidad emocional de bandas como Interpol o The Killers, hasta la descarga nocturna de nombres como The Bloody Beetroots, Erol Alkan, Tiga o Crystal Castles, la propuesta sonora dibuja un recorrido coherente, enérgico y profundamente generacional.
En una ciudad como Barcelona, donde la vida nocturna siempre ha funcionado como termómetro cultural, el regreso de este sonido a Sala Apolo tiene algo de gesto simbólico. La indietrónica no solo se escuchó aquí: aquí encontró comunidad, estilo y un lenguaje propio. Por eso su vuelta no se percibe como una moda revival, sino como la recuperación natural de una escena que sigue teniendo mucho que decir.
Epiq entiende bien ese código. Reivindica el placer de bailar sin ironía, de entregarse al ritmo sin necesidad de explicar demasiado y de cerrar la semana con una energía que no mira hacia atrás con melancolía, sino con deseo de continuidad. En tiempos de consumo rápido y estímulo disperso, su propuesta devuelve valor a algo tan simple y tan poderoso como una buena canción en el momento exacto.
La inauguración del sábado 16 de mayo promete, así, convertirse en uno de esos encuentros donde la música vuelve a actuar como punto de conexión entre memoria y presente. Una celebración del sonido que marcó a toda una generación y que hoy reaparece con la misma capacidad de encender la noche.




