lunes, octubre 5, 2026
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    Una noche en Casa Vicens: Cantabria lleva su cocina al universo de Gaudí

    El pasado 30 de septiembre, Casa Vicens abrió sus puertas a una velada poco habitual. La primera gran obra de Antoni Gaudí se convirtió en escenario de una experiencia que unió arquitectura y gastronomía cántabra, primero con un recorrido por la casa y un cóctel y, después, con una cena servida en su interior. Una de esas noches en las que Barcelona vuelve a recordar que algunos de sus lugares más extraordinarios todavía pueden sorprender.

    El pasado 30 de septiembre, cuando Casa Vicens empezaba a dejar atrás el ritmo habitual de visitantes, dentro comenzaba una noche bastante distinta. Estar allí ya tiene algo especial; hacerlo para cenar en el interior de una de las primeras grandes obras de Antoni Gaudí, cuando las puertas han cerrado y la arquitectura pasa a formar parte de la propia velada, es una oportunidad que no se presenta todos los días.

    Barcelona Fashion Press® asistió al tercer encuentro de Las Cinco Cantabrias On Tour, la iniciativa impulsada por Turismo de Cantabria que eligió precisamente Casa Vicens para tender un puente entre Barcelona y Cantabria a través de dos universos que, aquella noche, tenían bastante más en común de lo que podía parecer: la arquitectura de Gaudí y la gastronomía cántabra.

    © Turismo de Cantabria. All rights reserved.

    Y el lugar no estaba escogido al azar. Casa Vicens y El Capricho de Gaudí, en Comillas, fueron concebidos prácticamente en el mismo periodo y permiten acercarse a los primeros años del lenguaje creativo del arquitecto. Esa relación entre las dos obras se convirtió en el hilo conductor de la experiencia. Antes de sentarnos a la mesa, una visita guiada permitió recorrer Casa Vicens y descubrir algunos de los elementos que conectan ambos edificios, desde los juegos de color y geometría hasta una manera de mirar hacia la naturaleza que empezaba ya a definir el universo de Gaudí.

    Cenar dentro de Casa Vicens, rodeados por la arquitectura de Gaudí, convirtió la gastronomía cántabra en parte de una noche difícil de repetir en Barcelona.

    Recorrerla en este contexto cambia también la percepción del espacio. Los azulejos, la ornamentación vegetal, los techos, las celosías y esa mezcla casi hipnótica de referencias que atraviesa cada estancia dejan de ser únicamente algo que se contempla para convertirse en el escenario real de la noche.

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    La parte gastronómica comenzó de manera informal, en formato cóctel, mientras los invitados seguían moviéndose por los espacios de la casa. Los chefs Nacho del Corral, de Daria, en Santander, y Carlos Arias, de Emma, en Suances, plantearon siete primeros bocados que permitían entrar progresivamente en la despensa cántabra: langostino acevichado, tartaleta de anchoa y mantequilla pasiega, tosta de guacamole con pipas de calabaza, gamba orly con vinagreta, aceitunas aliñadas de Emma, bonito a la sal y pimiento de la Isla.

    Había producto de territorio, naturalmente, pero la intención no era construir una sucesión de recetas tradicionales. Del Corral y Arias llevaron sus propios recorridos a la propuesta: memoria familiar y producto local en el caso del primero; influencias latinoamericanas y asiáticas, acidez, especias y contraste en el del segundo. Dos maneras contemporáneas de cocinar Cantabria que funcionaban especialmente bien en un lugar donde el propio Gaudí también estaba comenzando, hace más de un siglo, a desarrollar un lenguaje personal.

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    Después llegó uno de los momentos que realmente hacía diferente la cita: pasar del cóctel a la mesa y cenar dentro de la propia Casa Vicens. No es habitual vivir una cena en su interior y, cuando ocurre, la arquitectura deja de funcionar como simple telón de fondo. Estás comiendo literalmente rodeado por Gaudí.

    La cena comenzó con una ensalada de tomate y sardina ahumada y continuó con el tuétano con tartar de Tudanca, probablemente uno de los platos que mejor trasladaba Cantabria hasta Barcelona. La Tudanca, raza bovina autóctona profundamente ligada al paisaje rural cántabro, aparecía aquí en un registro actual, potente pero muy preciso. Después llegó el taco de morro y pata crujiente con majado de hierbas, antes de terminar con El limón de Novales, un postre construido alrededor de uno de los productos más singulares de esta localidad cántabra y de su histórica tradición citrícola.

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    A lo largo de toda la noche, Inma Solana, sumiller y jefa de sala del restaurante Solana —una Estrella Michelin y dos Soles Repsol—, fue construyendo otro relato paralelo a través de cuatro referencias elaboradas en Cantabria. El recorrido pasó por Cantábricus Brut y Ribera del Asón, ambos de Bodegas Vidular; Lusia Origen, de Destilería y Bodega Cayo, procedente de Liébana; y la Sidra Extra Dulce Somarroza para acompañar el último tramo de la cena.

    La velada no utilizó Casa Vicens como simple escenario: la conexión con El Capricho de Gaudí convirtió arquitectura, territorio y cocina en un mismo relato.

    Quizá ahí estuvo uno de los mayores aciertos de la velada: no convertir Casa Vicens simplemente en una localización espectacular. La relación con El Capricho justificaba su presencia; los vinos ampliaban la mirada sobre una Cantabria que no siempre asociamos a la producción vinícola; y los platos evitaban quedarse en una representación previsible del territorio.

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    Las Cinco Cantabrias On Tour ha llevado durante 2026 este relato gastronómico por Sevilla, Málaga y Barcelona, antes de continuar hacia Valencia y Madrid, con diferentes encuentros dedicados a mostrar la diversidad culinaria de la región.

    Pero Barcelona tuvo algo difícil de replicar. Porque después de los platos, los vinos y las conversaciones queda la sensación de haber vivido Casa Vicens desde un lugar poco habitual. De haberla recorrido sin prisas y, finalmente, de haberse sentado a cenar dentro de ella mientras la decoración, los colores y las formas concebidas por Gaudí seguían acompañando la mesa.

    En una ciudad acostumbrada a escenarios extraordinarios, no todas las noches consiguen que el lugar sea también parte de la historia. Esta sí lo hizo.

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