El aniversario de Guillermina Baeza tenía algo de reencuentro y mucho de homenaje. Cuarenta años de trayectoria no se celebran cada día, y menos cuando hablamos de una firma que ha acompañado a varias generaciones de mujeres y que ha situado la moda baño de nuestro país en un lugar propio, reconocible y respetado.
El pasado jueves 4 de junio, el restaurante Gala, en Barcelona, acogió una velada muy especial en torno a la firma. Fue un encuentro íntimo, elegante y cuidadosamente concebido, en el que se reunieron amigos de la casa, profesionales del sector, medios de comunicación y personalidades que, de una forma u otra, han acompañado el camino de Guillermina Baeza durante estas cuatro décadas.

Fue una convocatoria selecta, de esas que Barcelona sabe hacer cuando la moda se encuentra con el afecto. Una evento sin estridencias, con ese punto de discreción sofisticada tan nuestro, en la que el sector quiso rendir tributo a una creadora que ha elevado el baño y la lencería a la categoría de moda con mayúsculas. Guillermina no pudo asistir por encontrarse algo indispuesta, pero estuvo presente en cada conversación, en cada recuerdo y en esa emoción compartida que solo despiertan las figuras verdaderamente queridas.
Una celebración exclusiva en Barcelona para homenajear a una de las grandes creadoras de la moda baño española
Hablar de Guillermina Baeza es hablar de una mujer que entendió antes que muchos que el bañador no era una prenda secundaria. Que el bikini, el trikini, la silueta de verano o la lencería podían tener la misma dignidad estética que cualquier vestido de noche.

Su propia filosofía lo resume con una claridad impecable: “El baño y la lencería no son meros accesorios. Hoy cobran la misma importancia que las prendas exteriores”. Esa mirada, tan moderna entonces y tan vigente hoy, fue la que construyó una firma reconocible, femenina, sensual sin exceso, mediterránea sin tópico y elegante sin rigidez.
Nacida en el protectorado español de Marruecos y afincada en Barcelona desde los años sesenta, Guillermina inició su camino profesional en los años setenta y consolidó su marca en los ochenta, convirtiéndose en una de las grandes referencias del baño en España y Europa. Desde entonces, sus colecciones han pasado por pasarelas como 080 Barcelona Fashion, Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, FIMI Valencia o Gran Canaria Moda Cálida, reafirmando una identidad propia basada en el diseño, la confección cuidada y una sensibilidad muy personal.

En mi caso, hablar de Guillermina es también hablar desde el cariño. La recuerdo en tantos desfiles de 080 Barcelona Fashion, siempre cercana, siempre amable, siempre con esa simpatía natural que no se aprende. Hay diseñadoras que presentan colecciones; Guillermina, además, sabía crear una atmósfera. Tenía —y tiene— esa forma tan especial de hacerte sentir parte de algo, de recibirte con una sonrisa sincera, de entender la moda no solo como industria, sino como relación humana.
Por eso resultó tan bonito ver cómo Belén Larruy, su hija y actual directora creativa, ha heredado el legado creativo de la firma y también esa manera cálida, respetuosa y elegante de estar en la moda. Belén dirige hoy la casa manteniendo la esencia de su madre: la pasión por el oficio, el cuidado por la mujer real, el respeto por el cuerpo y una mirada contemporánea que no renuncia a la herencia. Su papel al frente de la firma desde los años noventa ha sido decisivo para mantener a Guillermina Baeza en un lugar relevante dentro de la moda de baño europea.

El evento del 40 aniversario tuvo, además, una dimensión de archivo y futuro. Fue una celebración para ordenar la memoria de la marca y proyectarla hacia delante. Entre las informaciones anunciadas en torno a este aniversario destaca la preparación de una exposición prevista para marzo de 2027 en el Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid, un reconocimiento que subraya la dimensión cultural de una firma que ha sabido dialogar con la moda, el diseño y la identidad visual de varias generaciones.
Belén Larruy recoge el legado de Guillermina Baeza con la misma sensibilidad, cercanía y pasión por el oficio
También en ese equilibrio entre pasado y futuro se entiende su apuesta por la producción de proximidad. La firma defiende un modelo local a lo largo de su cadena de diseño, fabricación y producción, con piezas realizadas en España, una decisión que hoy cobra un valor añadido en un sector cada vez más consciente de la sostenibilidad, la trazabilidad y la responsabilidad estética.

Cuarenta años después, Guillermina Baeza sigue siendo mucho más que una marca de baño. Es una forma de entender el verano, el cuerpo, la elegancia y la feminidad desde Barcelona hacia el mundo. Es memoria de pasarela, oficio familiar, archivo vivo y emoción compartida. Y es, sobre todo, el nombre de una creadora que ha sabido dejar huella sin perder nunca la cercanía.
En Gala, aquella tarde, el sector celebró mucho más que cuatro décadas de moda. Celebró a Guillermina. A su manera de mirar, de crear y de estar. Y celebró también a Belén, que continúa escribiendo esta historia con la misma gracia, el mismo cariño y la misma delicadeza con la que su madre la empezó.





