jueves, julio 30, 2026
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    Jacqueline Barcelona captura el espíritu del verano mediterráneo en Enric Granados

    Jacqueline Barcelona reúne gastronomía, música y diseño con el pulso cosmopolita y bohemio de la ciudad. Este verano, un salmorejo andaluz con jamón ibérico de bellota enlaza la tradición del sur con el refinamiento de su carta.

    Enric Granados cambia de ritmo en verano. Sus terrazas, restaurantes y direcciones creativas convierten esta calle del Eixample en un recorrido constante por la Barcelona más cosmopolita. En el número 66, Jacqueline Barcelona recoge ese pulso y lo despliega en una dirección donde la gastronomía comparte escenario con la música, la coctelería y una cuidada puesta en escena.

    Nada más entrar, la coctelería situada a la izquierda introduce al visitante en una atmósfera envolvente, marcada por una decoración de vocación escenográfica y una iluminación que hace olvidar momentáneamente el exterior. A partir de ahí, Jacqueline se descubre por espacios, cada uno con identidad, ritmo y personalidad propios.

    Durante nuestra visita, esa posibilidad de transitar entre ambientes se reveló como una de las grandes singularidades del lugar. El Comedor articula la propuesta gastronómica; el Jazz Club concede todo el protagonismo a la música en directo; y la Barra Japonesa plantea una experiencia omakase íntima, con capacidad para solo seis comensales, el chef trabajando a la vista y una sala envuelta en flores. El Cocktail Bar y el Club Privado completan un recorrido que permite cambiar de escenario sin abandonar el edificio.

    La cocina mediterránea de Jacqueline recibe el verano con un salmorejo andaluz acompañado de jamón ibérico de bellota, disponible durante las cenas de julio.

    © Jacqueline Barcelona. All rights reserved.

    El resultado atrae a una clientela cosmopolita y con un pulso inequívocamente fashion, muy en sintonía con la energía de Enric Granados. En Jacqueline importan los platos, pero también el interiorismo, la selección musical, las conversaciones y la forma en que los distintos ambientes dialogan entre sí. Todo parece formar parte de una misma experiencia, aunque cada visitante pueda construirla de manera diferente.

    En la cocina, el hilo conductor es el producto mediterráneo. Pescados y mariscos frescos, carnes regionales y elaboraciones vinculadas a la temporada componen una carta amplia, tratada desde una mirada reconocible y sin artificios innecesarios. Ostras, tartar de gamba roja, ceviche de corvina, sashimi de lubina, pescado entero de lonja a la brasa o gamba roja de Palamós conviven con propuestas como los spaghetti con bogavante, el solomillo de vaca nacional o diferentes cortes madurados.

    Gastronomía mediterránea, coctelería, jazz y un salmorejo de temporada convierten Enric Granados 66 en una de las direcciones más completas del verano barcelonés.

    © Jacqueline Barcelona. All rights reserved.

    La llegada del verano encuentra su expresión más directa en el plato del mes de julio: un salmorejo andaluz acompañado de una picada de jamón ibérico de bellota. La receta recupera uno de los grandes clásicos de la cocina del sur, conserva su característica textura cremosa y lo incorpora a la propuesta de Jacqueline como una entrada especialmente vinculada a la temporada.

    Disponible exclusivamente durante el servicio de cenas de julio, el salmorejo revela también la voluntad del restaurante de adaptar su cocina al momento del año. Una elaboración reconocible, construida desde la tradición y el producto, que aporta ligereza y frescura a una carta pensada para recorrer el Mediterráneo desde Barcelona.

    Jacqueline condensa una manera muy barcelonesa de vivir el verano: gastronomía, diseño, música y vida social reunidos en una misma dirección. En Enric Granados 66 no existe un único itinerario posible; cada espacio propone el suyo y cada visita puede escribirse de una forma distinta.

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