Hay lugares que parecen guardar un secreto incluso antes de cruzar su puerta. El pasado 1 de julio, una discreta entrada de la Via Augusta nos condujo hasta Villa Mayfair, escenario de una de esas noches que transforman momentáneamente la percepción de Barcelona. Desde el exterior, nada anticipaba del todo lo que esperaba al otro lado: una villa de carácter singular, tan sorprendente en sus interiores como en el jardín que se oculta tras su arquitectura.
La ocasión lo merecía. Mionetto Salone reunía a creadores de contenido y rostros vinculados a la moda, el diseño y la escena cultural barcelonesa para celebrar el desenlace de Questione Di Gusto by Gigi Vives, la primera docuserie digital de la histórica firma italiana concebida para Instagram.

La velada comenzó en la planta inferior de la villa, convertida para la ocasión en un salón íntimo y envolvente. Allí tuvo lugar el visionado completo de la serie, incluido el estreno en exclusiva de su capítulo final. Frente a los asistentes, Gigi Vives presentó en primera persona —con la espontaneidad y cercanía que la caracterizan— las conclusiones de un viaje que la llevó hasta el Véneto en busca de aquello que define el inconfundible gusto italiano.
Villa Mayfair se transformó en un salón italiano para celebrar el desenlace de Questione Di Gusto, la docuserie de Mionetto junto a Gigi Vives.
Su recorrido había comenzado entre la artesanía del cristal de Murano y la sensibilidad estética de Venecia, para continuar descubriendo el ritual del auténtico Spritz en Padua y el paisaje del prosecco en Valdobbiadene.

El último destino fue Borgo Mionetto, la bodega donde se encuentra el origen de una historia iniciada en 1887. Más que ofrecer una respuesta definitiva, la docuserie revelaba la italianidad como una suma de gestos: la atención por los detalles, el respeto por los oficios, la belleza integrada en la vida cotidiana y, sobre todo, el placer de compartir.
Tras la proyección, el universo narrado en pantalla comenzó a materializarse en el propio espacio. La moda se convirtió en ilustración a través de dibujos personalizados realizados en directo, capaces de capturar los estilismos de los invitados con apenas unos trazos. En otro rincón, las botellas piccolo de Mionetto Prosecco DOC Treviso Brut se grababan con los nombres de los asistentes, mientras los retratos instantáneos en formato Polaroid conservaban la espontaneidad de una noche concebida para ser vivida, pero también recordada.

Fue al subir las escaleras cuando Villa Mayfair terminó de revelar su verdadera dimensión. Tras la intimidad del Salone apareció un jardín frondoso, presidido por una mansión completamente renovada que parecía situarnos en algún lugar alejado de la ciudad. Barcelona seguía allí, al otro lado de los muros, pero durante unas horas su ritmo quedó suspendido.
Moda, ilustración, prosecco e Italo House marcaron una velada secreta que trasladó a Barcelona el arte italiano de vivir y compartir.
En la Terrazza Mionetto, vestida con los códigos visuales de la firma, comenzó el segundo acto de la celebración. La cultura italiana del aperitivo se transformó en el gran ritual de la noche: copas de prosecco, Spritz preparados con Mionetto Prosecco y Mionetto Aperitivo, conversaciones que se cruzaban bajo los árboles y una selección de Italo House que fue elevando poco a poco el pulso de la velada.

La convocatoria, joven, cosmopolita y cuidadosamente elegida, consiguió algo que no siempre resulta sencillo: reunir a perfiles diversos en una atmósfera sofisticada, pero genuinamente distendida. Creativos y figuras de la escena digital compartimos mesa, brindis y pista de baile hasta bien entrada la noche. La elegancia estaba en el entorno y en cada detalle, aunque también en esa naturalidad tan italiana de hacer que todo pareciera suceder sin esfuerzo.
Con Mionetto Salone, la firma fundada en Valdobbiadene demostró que su identidad trasciende el producto para adentrarse en un territorio más amplio, donde el contenido, la moda, la música y la hospitalidad construyen una misma manera de entender el estilo.

Porque quizá el buen gusto italiano no pueda definirse con una única imagen. Tal vez sea precisamente esto: saber elegir el escenario, cuidar los detalles y convertir un encuentro bajo las estrellas en una noche que Barcelona todavía recuerde al día siguiente.





