lunes, julio 27, 2026
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    Dr. Iván Mañero: «La verdadera belleza empieza desde dentro»

    En una época obsesionada con transformar el rostro, el Dr. Iván Mañero reivindica una belleza que conserva la identidad. En esta entrevista con Barcelona Fashion Press, el cirujano reflexiona sobre naturalidad, deseo, inteligencia artificial y los límites de la estética. Una conversación sobre el nuevo lujo: cambiar sin dejar de parecerse a uno mismo.

    Tras más de 25 años dedicados a la cirugía plástica, estética y reparadora, el Dr. Iván Mañero ha aprendido a observar la belleza más allá de las tendencias. En conversación con Barcelona Fashion Press®, reflexiona sobre el regreso a la naturalidad, la presión de las redes sociales, los nuevos cuerpos imposibles creados por la inteligencia artificial y la responsabilidad de saber decir que no.

    Para el cirujano, la intervención más sofisticada ya no es aquella que transforma, sino la que preserva la identidad, respeta el cuerpo y permite que el paso del tiempo resulte casi imperceptible.

    Dr. Iván Mañero
    © IM Clinic. All rights reserved.

    Cuando la belleza deja de gritar

    Después de más de 25 años de trayectoria, ¿cómo ha cambiado la idea de belleza y aquello que buscan los pacientes cuando llegan a consulta?

    Para comprender cómo ha cambiado, primero debemos definir qué es la belleza. Todo el mundo es capaz de detectarla y suele existir cierto acuerdo cuando algo es bello, pero resulta mucho más difícil explicar por qué.

    Ha sido uno de los grandes motivos de mi investigación durante todos estos años. Mi conclusión es que la belleza no depende únicamente de una cultura o de una época. Tiene un origen natural y está relacionada con nuestra capacidad para detectar señales de salud y fertilidad.

    La naturaleza utiliza la belleza como una especie de sistema de comunicación. No sucede solamente en los seres humanos: una flor se abre para atraer a los insectos que la polinizan, una mariposa despliega sus colores y un pavo real muestra sus plumas. En nuestro caso, una piel saludable, una determinada proporción corporal o un aspecto vital transmiten información.

    Otra cosa distinta es lo que yo denomino hermosura.

    ¿En qué se diferencia la hermosura de la belleza?

    La hermosura está formada por todos los adornos y códigos que colocamos sobre la belleza. Está ligada a un momento histórico, a una situación económica, a una moda o a una determinada posición social.

    La belleza permanece; la hermosura cambia.

    Una puesta de sol junto al mar puede resultar bella prácticamente en cualquier lugar del mundo. La música con la que acompañemos esa escena pertenece, en cambio, a una época y a unos gustos determinados. Eso sería la hermosura.

    Durante siglos, esos códigos también han servido para señalar el estatus. Cuando las clases populares trabajaban en el campo, la nobleza buscaba una piel extremadamente blanca para diferenciarse. Con la Revolución Industrial, cuando los trabajadores comenzaron a pasar sus jornadas en fábricas sin recibir la luz del sol, las clases acomodadas empezaron a broncearse porque podían permitirse viajar y disponer de tiempo libre.

    No había cambiado la belleza, sino su expresión social.

    Dr. Iván Mañero
    © IM Clinic. All rights reserved.

    Durante años se buscaban intervenciones muy evidentes. Ahora parece que el verdadero lujo consiste en que nadie perciba que te has operado. ¿La naturalidad es la gran aspiración contemporánea?

    Sí. Nos hemos dado cuenta de que exagerar aquellos rasgos asociados a la belleza no nos hace necesariamente más bellos. Llega un momento en el que la hipertrofia genera una caricatura.

    Es como el azúcar: puede gustarte mucho el café dulce, pero, si introduces un kilo de azúcar, ya no podrás beberlo. En estética sucede lo mismo. Aumentar un rasgo hasta el exceso no incrementa indefinidamente su atractivo.

    Creo que actualmente la hermosura se está acercando de nuevo a la belleza. También se está desvinculando progresivamente del estatus económico. La cirugía estética se ha democratizado y ya no es necesariamente una demostración de riqueza.

    Estamos viendo algo parecido en la moda y el lujo. Las personas con una posición económica elevada ya no necesitan mostrar constantemente una marca. Buscan calidad sin logotipo, discreción y piezas que no resulten evidentes. En cirugía sucede algo similar: el lujo está en conservarse, no en exhibir la intervención.

    ¿Dónde está la frontera entre mejorar determinados rasgos y alterar aquello que hace singular y reconocible a una persona?

    Esa frontera depende fundamentalmente de la ética y del criterio del cirujano. Lo primero que debería aprender un cirujano plástico es a decir que no. Si no sabes hacerlo, probablemente no deberías dedicarte a esta profesión.

    Un paciente puede llegar muy influenciado por una moda, por las redes sociales o por un deseo intenso de transformación. Nuestra responsabilidad consiste en escucharlo, comprenderlo y explicarle que ese deseo puede ser momentáneo, mientras que el resultado de una operación lo acompañará durante décadas.

    La hermosura cambia con rapidez. La belleza, no. Por eso debemos trabajar pensando en aquello que seguirá siendo armónico dentro de veinte, treinta o sesenta años, y no solamente en el modelo estético que domina durante una temporada.

    Durante mucho tiempo, tanto la moda como la cirugía plástica han trabajado más sobre la hermosura que sobre la belleza. Ahora debemos invertir esa relación.

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    El cirujano que también sabe decir no

    Instagram, TikTok, los filtros y las imágenes generadas por inteligencia artificial nos exponen constantemente a rostros aparentemente perfectos. ¿Está llegando a consulta una generación con una percepción distorsionada de su propia imagen?

    La industria de la belleza y la moda ha conseguido que muchas personas relacionen belleza y felicidad, cuando no son necesariamente lo mismo. Ser considerado atractivo puede proporcionar determinadas ventajas sociales, pero no garantiza una vida más feliz.

    El problema comienza cuando alguien piensa que, si consigue parecerse a una determinada imagen, resolverá también sus inseguridades o alcanzará esa felicidad.

    Ahora ha aparecido, además, un fenómeno todavía más preocupante: la inteligencia artificial. Ya no hablamos únicamente de fotografías retocadas de personas reales, sino de cuerpos y rostros que directamente no existen y quizá tampoco podrían funcionar físicamente.

    Podremos recibir pacientes que pidan unas piernas con unas proporciones que les impedirían caminar o unos labios con los que no podrían comer correctamente. Son imágenes imposibles trasladadas al cuerpo humano.

    Tendremos que empezar a advertir claramente cuándo una imagen ha sido generada por inteligencia artificial. De lo contrario, estamos colocando delante de muchas personas un objetivo inalcanzable.

    Es como la fábula del burro y la zanahoria: persiguen algo que siempre permanece delante, pero a lo que nunca podrán llegar. Ese esfuerzo permanente puede generar una profunda insatisfacción.

    ¿Qué responsabilidad tienen los médicos ante esta nueva realidad?

    Tenemos tres niveles de responsabilidad. El primero corresponde a las familias, especialmente cuando hablamos de menores. El segundo pertenece a los legisladores y a las plataformas, que deberían identificar y contextualizar este tipo de imágenes. El tercero somos los médicos.

    Cuando una persona ha atravesado las dos primeras barreras y llega finalmente a nuestra consulta, debemos saber decirle que no.

    También se están difundiendo prácticas muy peligrosas entre adolescentes y jóvenes. Hemos visto contenidos en los que algunos chicos se golpean deliberadamente los huesos de la cara intentando modificar su estructura. Es algo absolutamente irracional y puede tener consecuencias graves.

    No todo aquello que aparece en una pantalla puede trasladarse a un cuerpo. La medicina debe establecer ese límite.

    Dr. Iván Mañero
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    También vemos a personas cada vez más jóvenes preocupadas por prevenir el envejecimiento. ¿Está sucediendo lo mismo en cirugía?

    En cirugía, por el momento, no observo una llegada masiva de pacientes extremadamente jóvenes. Al menos no es la realidad que yo encuentro en consulta. Probablemente también se deba a que se sabe que soy bastante estricto y que no realizaré una intervención si considero que no está indicada.

    Sí me preocupa más la utilización precoz e indiscriminada de cosméticos y tratamientos. Algunas niñas quieren emplear productos formulados para pieles adultas porque los han visto en TikTok, sin saber qué ingredientes contienen ni qué efectos pueden tener.

    Lo observo incluso en mi entorno familiar. Los adultos debemos ejercer ese papel de protección, porque a determinadas edades todavía no se dispone del criterio necesario para interpretar toda la información recibida.

    La cirugía plástica suele definirse como una combinación de ciencia y arte. ¿Qué peso tienen la técnica, la intuición y la sensibilidad estética?

    Probablemente la gente piensa que la técnica es la parte más importante, pero, cuando hablamos de un gran cirujano plástico, la sensibilidad artística puede resultar todavía más determinante.

    La técnica se aprende. La capacidad artística, en cambio, tiene un componente innato.

    Quince estudiantes de Bellas Artes pueden recibir la misma formación, utilizar los mismos materiales y pintar a la misma persona. Sin embargo, producirán quince obras completamente diferentes. Todos conocen la técnica, pero no todos poseen la misma capacidad para trasladar aquello que imaginan desde el cerebro hasta la mano.

    En cirugía sucede algo parecido. Es fundamental saber operar, pero también imaginar el resultado antes de producirlo. De ahí la importancia de estudiar las proporciones y planificar cada intervención sobre el cuerpo del paciente.

    Muchas personas pueden golpear un bloque de madera. Solamente algunas saben exactamente dónde hacerlo para descubrir el rostro que contiene.

    ¿Qué está buscando actualmente el paciente? ¿Cuáles son las intervenciones más demandadas?

    En el fondo, los pacientes continúan buscando lo mismo: juventud. Después, ese deseo se manifiesta de formas diferentes según la zona del cuerpo, la edad o las circunstancias personales.

    En las mujeres, la cirugía mamaria sigue teniendo una gran importancia. No se trata únicamente de aumentar el volumen, sino de recuperar una forma más firme y armónica después de los embarazos, los cambios de peso o el paso del tiempo.

    En los hombres, una de las mayores preocupaciones aparece alrededor de la mirada. Unos párpados caídos pueden transmitir cansancio, falta de energía o una edad superior a la real. Por eso la cirugía de los párpados tiene tanta demanda entre los pacientes masculinos de cierta edad.

    Entre los hombres más jóvenes, en cambio, ha crecido mucho el interés por la nariz. Las fotografías, las videollamadas y la exposición permanente en redes sociales han influido claramente en esa percepción.

    Dr. Iván Mañero
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    Institución Gournay habla de salud estética, rigor médico y belleza responsable. En un sector tan expuesto a las modas y a la comercialización, ¿cómo se mantiene el criterio médico por encima del deseo inmediato?

    Compartiendo una filosofía y creando un entorno que proteja al paciente.

    Institución Gournay busca ofrecer ese paraguas y convertirse también en un referente. Parte de nuestra responsabilidad consiste en aprovechar cualquier altavoz para explicar que no todo vale y que existen determinadas líneas rojas.

    Como profesional, una de las cosas que más me preocupa es que alguien realice mal una intervención y después se cuestione a toda la cirugía plástica. No todos los profesionales trabajan del mismo modo ni aplican los mismos criterios.

    El paciente toma una decisión enorme: pone su vida en nuestras manos. No nos está entregando solamente su pelo para que se lo cortemos. Nos entrega su cuerpo, su salud y, en cierto modo, su futuro.

    Debemos ser extraordinariamente estrictos, respetar la naturaleza y no deformar a una persona por una moda pasajera. El resultado permanecerá con ella durante toda la vida.

    Después de tantos años trabajando con cuerpos, rostros, expectativas e inseguridades, ¿qué significa hoy para ti la verdadera belleza?

    La verdadera belleza emana salud. Y, aunque pueda parecer contradictorio tratándose de un cirujano plástico, he aprendido que empieza desde dentro.

    Comienza cuidando nuestro estado de salud, evitando déficits, haciendo deporte, manteniendo una buena masa muscular y alimentándonos correctamente. Cuando una persona se cuida y está sana, proyecta belleza porque los demás perciben esa vitalidad.

    Después podemos intervenir nosotros. Pero nuestro papel debería consistir cada vez menos en transformar cuerpos y más en camuflar el paso del tiempo sobre una belleza que ya existe.

    Los cirujanos plásticos hacemos fundamentalmente dos cosas: transformamos determinados rasgos y retrasamos visualmente la edad. Personalmente, cada vez quiero transformar menos.

    Prefiero que sea el propio cuerpo el que transmita belleza y ocuparme solamente de que su exterior —especialmente la piel— se conserve durante el mayor tiempo posible en armonía con la vida y la salud de esa persona.

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