Reunidos en las oficinas de Fira Barcelona, con vistas a lo que en apenas unos días volverá a convertirse en el gran epicentro internacional del universo bridal, conversamos con Albasari Caro, directora de Barcelona Bridal Fashion Week, sobre una edición que confirma la madurez global del evento y su capacidad para seguir proyectando Barcelona como uno de los enclaves más influyentes del sector. Entre estrategia, negocio, creatividad y visión de futuro, la conversación traza el presente y el porvenir de una cita que ha dejado de ser solo una feria para afirmarse como escaparate y termómetro internacional de la moda nupcial.
BBFW 2026 se presenta como la edición más internacional hasta la fecha, con un 86% de firmas extranjeras y compradores de más de 80 países. Más allá de la cifra, ¿qué implica realmente este nivel de internacionalización para el posicionamiento global del evento?
Implica, sobre todo, que Barcelona se ha consolidado como el gran punto de encuentro internacional del sector bridal. Existen otras ferias con un peso importante en sus mercados locales, pero hoy BBFW ocupa un lugar distinto dentro del calendario global: es el espacio al que se acude cuando se busca una visión más amplia, una selección más cuidada y una verdadera proyección internacional.
Las buyers vienen aquí porque encuentran marcas, propuestas y oportunidades que no verían concentradas en sus mercados de proximidad. Y las marcas, a su vez, saben que Barcelona les permite conectar con compradoras internacionales a las que no siempre llegan en ferias más locales. Ahí está una de nuestras grandes fortalezas: generar un entorno donde convergen descubrimiento, negocio y posicionamiento.
No se trata de sustituir a otras ferias, porque cada una cumple su función dentro del ecosistema. Pero sí de asumir que Barcelona se ha quedado como ese eje donde la industria se reúne para mirar más lejos, detectar nuevas oportunidades y reforzar su presencia global.
Barcelona se ha consolidado como el gran punto de encuentro internacional de la industria bridal
Albasari Caro, Directora de Barcelona Bridal Fashion Week

En esta edición se percibe una apuesta muy clara por Asia como mercado estratégico. ¿Estamos ante un cambio estructural en el mapa de la moda bridal, y qué papel quiere jugar Barcelona en este nuevo equilibrio internacional?
Sí, estamos viendo una evolución muy clara. Hasta hace relativamente poco, muchas compradoras asiáticas venían a Barcelona a descubrir sobre todo marcas europeas y estadounidenses. Ahora, además, estamos viendo cómo firmas asiáticas de gran nivel quieren entrar en Europa y en Estados Unidos a través de una plataforma como BBFW.
Eso convierte a Barcelona en un puente en ambos sentidos. Ya no solo conectamos mercados desde la demanda, sino también desde la oferta. Y ese papel de nexo es precisamente lo que refuerza nuestra posición.
Cada vez hay más marcas asiáticas con identidad, prestigio y capacidad para dialogar con el mercado internacional en igualdad de condiciones. Nuestro objetivo es facilitar ese encuentro: que las buyers internacionales encuentren aquí ese talento, y que las firmas asiáticas puedan acceder desde Barcelona a nuevos mercados con visibilidad, contexto y credibilidad.
La presencia de grandes maisons de alta costura —desde Stéphane Rolland hasta nombres como Elie Saab o Viktor & Rolf— parece reforzar una dimensión más aspiracional del evento. ¿Forma parte de una estrategia consciente para posicionar BBFW dentro del circuito internacional del lujo?
Absolutamente. Es una estrategia consciente y muy importante para nosotros. La presencia de estas maisons aporta una dimensión aspiracional que eleva el posicionamiento de BBFW y también la percepción del conjunto del sector bridal.
Durante mucho tiempo, la moda nupcial se ha visto como un territorio próximo a la moda, pero no siempre plenamente integrado en su relato principal. Reforzar el vínculo con la alta costura y con el universo del lujo nos permite situar el bridal en un lugar más visible, más sofisticado y más conectado con los códigos internacionales de la moda.
Además, esta evolución también dialoga con otras categorías que cada vez tienen más peso dentro del evento, como la fiesta, la ocasión especial o la red carpet. Todo ello contribuye a construir un ecosistema más ambicioso, más transversal y más alineado con la aspiracionalidad que hoy demanda el mercado.

BBFW combina pasarela y trade show como pocos eventos en el mundo. En un momento en el que muchas fashion weeks están redefiniendo su modelo, ¿qué ventaja competitiva ofrece este formato híbrido y por qué sigue siendo relevante hoy?
Sigue siendo relevante porque responde de manera muy precisa a lo que la industria necesita. La feria es el corazón del negocio: aquí se venden colecciones, se generan pedidos y se consolidan relaciones comerciales. Pero si todo se limitara a esa dimensión transaccional, el evento perdería parte de su capacidad de atracción y de influencia.
La pasarela aporta emoción, inspiración y prestigio. Introduce una dimensión creativa y aspiracional que enriquece la experiencia y refuerza el valor del conjunto. Y esa convivencia entre negocio y visión es, precisamente, una de las grandes singularidades de BBFW.
A eso se suma algo fundamental para nosotros: el cuidado de la experiencia. Todo está pensado para que quien venga a Barcelona se sienta bien acogida, bien atendida y realmente dentro de un entorno de alto nivel. Hoy el engagement también se construye así, y esa suma de contenido, negocio y experiencia es una de nuestras principales ventajas competitivas.
El evento mantiene un equilibrio entre talento local y proyección global, con iniciativas como Barcelona Edit. ¿Cómo se construye esa convivencia sin que lo local quede diluido en un contexto tan internacional?
Se construye desde una convicción muy clara: apoyar al talento local no puede ser un gesto simbólico, tiene que ser una prioridad real. Por eso trabajamos muy cerca las marcas de aquí, para darles visibilidad y también para acompañarlas en su preparación y ayudarlas a encontrar el momento adecuado para entrar en el salón.
Nuestro vínculo con las firmas locales es muy directo. Hablamos con ellas, las orientamos, hacemos seguimiento y entendemos en qué punto están para que, cuando den el paso, puedan aprovecharlo de verdad. A veces incluso les recomendamos esperar una edición más, precisamente para que lleguen en mejores condiciones y obtengan un retorno real.
Iniciativas como Barcelona Edit responden a esa misma lógica: crear herramientas para que las buyers internacionales identifiquen, entiendan y valoren el talento local dentro de un marco global. Estamos en Barcelona, y eso también implica una responsabilidad con el ecosistema creativo de la ciudad. Queremos que lo local esté presente y que tenga recorrido.

Barcelona Bridal Night celebra su décimo aniversario con Stéphane Rolland y la incorporación de jóvenes diseñadores formados en Barcelona. ¿Qué papel juega hoy el talento emergente dentro de la estrategia internacional del evento?
Tiene un papel esencial. El relevo generacional es una cuestión central para cualquier industria, y en bridal lo es especialmente. Los estudiantes y los jóvenes diseñadores son quienes, en unos años, van a transformar la manera de entender el producto, la sensibilidad estética y la relación con nuevas generaciones de novias.
Para nosotros era muy importante darles un marco de visibilidad real. Como gesto de apoyo y también como una forma de conectar la formación, la creatividad emergente y la industria internacional en un mismo escenario. Ese diálogo es muy valioso para ellos, pero también para nosotros como evento.
Además, estar en contacto con ese talento joven nos ayuda a escuchar mejor lo que viene: cómo miran, qué desean, cómo interpretan hoy la idea de novia y hacia dónde se mueve el mercado. Personalmente, es una de las iniciativas más bonitas y más emocionantes de esta edición, porque proyecta futuro de una forma muy tangible.
Con un 92% del espacio ya ocupado meses antes del evento, BBFW demuestra una fuerte demanda. En un contexto global incierto, ¿qué señales está enviando realmente la industria bridal en términos de crecimiento y resiliencia?
La industria bridal ha demostrado históricamente una enorme capacidad de adaptación. Vivimos un contexto global complejo, con tensiones geopolíticas, incertidumbre económica y transformaciones en el consumo, pero el sector sigue mostrando resiliencia, voluntad de reinvención y capacidad para seguir generando valor.
Lo que cambia no es la necesidad de celebrar, sino la forma en que esa celebración se expresa. Cada nueva generación de novias llega con códigos distintos, con expectativas más experienciales y con una relación diferente con la tradición. El reto está en entender esos cambios y responder a ellos con inteligencia.
Por eso el sector no desaparece: evoluciona. Las marcas se ajustan, los mercados se reconfiguran y el salón también tiene la responsabilidad de ayudar a leer esas transformaciones. Que la demanda siga siendo tan sólida es una señal clara de que la industria bridal continúa siendo relevante, dinámica y capaz de adaptarse a nuevos escenarios.

Barcelona se define a menudo como un hub creativo más que como una capital tradicional de la moda. En un escenario donde ciudades como París, Milán o Nueva York siguen marcando el ritmo, ¿cuál es hoy la verdadera ventaja competitiva de Barcelona en el ecosistema internacional?
La primera ventaja competitiva es la herencia. Barcelona tiene una trayectoria muy sólida dentro del universo bridal, con marcas históricas que han abierto camino y con más de tres décadas de recorrido como feria. Eso hace que la ciudad forme parte, de manera natural, del mapa mental de la industria internacional.
La segunda es la propia ciudad. Barcelona ofrece una combinación muy poderosa de creatividad, calidad de vida, atractivo internacional y capacidad para acoger negocio y experiencia en un mismo marco. Se viene a trabajar, sí, pero también a descubrir, a relacionarse y a vivir el evento desde una dimensión mucho más completa.
Y la tercera es el trabajo que hacemos como punto de encuentro: la selección de marcas, la captación constante de buyers, la construcción de un entorno donde realmente se produce un encuentro valioso entre oferta y demanda. Cuando esa estructura se suma al atractivo de la ciudad, el resultado es una posición privilegiada que hoy sigue siendo difícil de replicar.
BBFW se ha consolidado como evento global, pero esa misma escala implica nuevos retos. ¿Cuál consideras que es hoy el principal reto en los próximos años?
El principal reto es seguir siendo relevantes. La manera de consumir, de comprar y de relacionarse con la moda está cambiando con mucha rapidez, y eso obliga a revisar constantemente qué necesita el sector y cómo debemos responder desde una plataforma como la nuestra.
Hoy no basta con reunir a la industria. Expositores y buyers nos piden cada vez más contexto, dirección y capacidad para interpretar el momento. Nos piden que ayudemos a marcar un camino. Y eso supone una gran responsabilidad, pero también un privilegio enorme.
Precisamente por eso ya estamos trabajando intensamente en 2027, pensando en nuevos contenidos, nuevas herramientas y nuevas formas de aportar valor real. El futuro pasa por escuchar, observar y anticiparse. Y ahí es donde queremos seguir situando a BBFW: como escaparate global y como espacio capaz de acompañar y orientar la evolución del sector.




