domingo, mayo 24, 2026
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    Casa Fernández celebra 37 años: el clásico de Santaló que vuelve a ser el lugar de moda en Barcelona

    Casa Fernández celebró el pasado 19 de mayo su 37 aniversario con una convocatoria que reunió a amigos, medios y personas cercanas a la casa. Fundado por Javier de las Muelas en 1989, el restaurante mantiene intacto su espíritu de casa de comidas barcelonesa. Hoy, con Borja de las Muelas sumándose al legado familiar, el clásico de Santaló vive una nueva etapa sin perder su esencia.

    Hay restaurantes que no necesitan reinventarse para seguir siendo actuales. Les basta con conservar aquello que los hizo especiales desde el primer día: una barra viva, una sala con oficio, una carta reconocible y esa forma de recibir que convierte una comida en algo más que una comida.

    Casa Fernández, en el número 46 de la calle Santaló, celebró el pasado 19 de mayo su 37 aniversario con una convocatoria íntima y muy barcelonesa, reuniendo a amigos, medios de comunicación, clientes habituales y personas cercanas a una casa que, durante casi cuatro décadas, ha sabido mantenerse como referente gastronómico de la parte alta de la ciudad.

    @casafernandezbarcelona © Cortesía de Casa Fernández. Todos los derechos reservados.

    La cita tuvo algo de celebración y mucho de memoria. Porque Casa Fernández es una manera de entender Barcelona. Una Barcelona de sobremesas largas, de tapas bien servidas, de camareros con chaqueta blanca, de atención precisa y elegante, de platos reconocibles y de esa naturalidad difícil de impostar que solo tienen los locales con alma.

    Fundada en mayo de 1989 por Javier de las Muelas, Casa Fernández nació a las puertas de la Barcelona Olímpica, en un momento en que la ciudad empezaba a transformarse profundamente. Su primer nombre, Real Compañía Cervecera Casa Fernández, ya apuntaba a una idea clara: crear una casa de comidas abierta, cercana, vivida. El nombre, además, no fue casual. Fernández era el apellido de la madre de Javier de las Muelas, y el restaurante quiso ser desde el principio un homenaje a ella y a esa idea tan sencilla como poderosa de sentirse en casa.

    @casafernandezbarcelona © Cortesía de Casa Fernández. Todos los derechos reservados.

    Durante el aniversario, Javier de las Muelas recordó los orígenes del local y aquella primera intuición que lo llevó a inspirarse en las cervecerías alemanas, con sus mesas largas, su espíritu compartido y su liturgia informal alrededor de la comida y la bebida. En una Barcelona donde las tapas se concentraban sobre todo en la zona marítima, Casa Fernández contribuyó a trasladar esa cultura gastronómica a la parte alta de la ciudad, incorporando tradición, apertura y una mirada cosmopolita.

    Pero uno de los momentos más especiales del aniversario fue conocer a Borja, hijo de Javier de las Muelas, que tras una trayectoria profesional en puestos destacados dentro de importantes multinacionales ha decidido seguir los pasos de su padre. Su vínculo con Casa Fernández no es únicamente familiar: es emocional. Borja creció prácticamente entre sus mesas, recuerda sus platos como parte de su infancia y empezó muy joven, con apenas 13 años, ayudando al equipo de sala y participando en la vida diaria del restaurante. Hoy, casi con la misma edad que el propio Casa Fernández, representa la continuidad natural de un legado que no se hereda solo por apellido, sino por vivencia.

    @casafernandezbarcelona © Cortesía de Casa Fernández. Todos los derechos reservados.

    En su relato aparecía esa memoria íntima de los platos de siempre, de la rutina del restaurante, de los sabores que forman parte de una educación sentimental. Porque hay lugares que acompañan una ciudad, pero también una familia. Y Casa Fernández pertenece a esa categoría.

    Treinta y siete años después, la casa sigue fiel a su esencia. La carta ha evolucionado, el espacio se ha transformado y la propuesta se ha enriquecido, pero el fondo permanece intacto: comer bien, sin artificios innecesarios, en un ambiente acogedor, elegante y profundamente hospitalario.

    @casafernandezbarcelona © Cortesía de Casa Fernández. Todos los derechos reservados.

    Su carta combina clásicos de barra, tapas, platillos y platos de fondo con esa mezcla tan propia de las casas de comidas bien entendidas. Las patatas bravas Casa Fernández, la ensaladilla rusa con ventresca y piparras, las gildas, las ostras francesas, la anchoa de l’Escala o las alcachofas fritas del Prat conviven con croquetas de jamón ibérico, de marisco o la ya emblemática Croqueta Innsbruck, una fondue de queso que conecta con la memoria centroeuropea del proyecto original.

    También hay platos que explican muy bien la vocación contemporánea del restaurante: el brioche de tartar de atún Balfegó, el bikini ibérico trufado con brie, las gambas cristal con huevo frito de corral, los garbanzos salteados con gambas y alcachofas, el tataki de atún Balfegó o el arròs del senyoret. Una cocina que no pretende deslumbrar desde la impostura, sino desde la solidez.

    @casafernandezbarcelona © Cortesía de Casa Fernández. Todos los derechos reservados.

    En carnes, Casa Fernández mantiene esa línea de placer clásico con el steak tartar de Wagyu hecho al momento, el solomillo de ternera a la plancha, las albóndigas melosas en su salsa, la hamburguesa Casa Fernández o el cochinillo ibérico con compota de manzana y piña. En pescados, el bacalao a la llauna, el rodaballo a la donostiarra, la lubina salvaje con almejas o los calamarcitos a la plancha completan una propuesta pensada para volver, no solo para ir una vez.

    Y quizá ahí reside una de las claves de su vigencia. Casa Fernández sigue siendo un clásico, pero ha vuelto a convertirse también en un local de moda. En sus mesas se mezclan clientes de toda la vida, amigos de la casa, profesionales de la ciudad y creadoras de contenido que encuentran en el restaurante algo cada vez más valioso: comida de verdad, ambiente auténtico y una estética natural que no necesita parecer diseñada para Instagram para acabar siéndolo.

    @casafernandezbarcelona © Cortesía de Casa Fernández. Todos los derechos reservados.

    En tiempos de conceptos efímeros y restaurantes pensados más para ser fotografiados que disfrutados, Casa Fernández conserva una elegancia distinta. La elegancia del servicio atento, de la sala bien llevada, de los camareros que conocen el oficio, de la chaqueta blanca, de la recomendación precisa, de la mesa servida con ritmo y discreción.

    Por eso su aniversario fue más que una celebración gastronómica. Fue también la confirmación de que algunos lugares sobreviven porque han sabido ser algo más que tendencia. Casa Fernández ha sido, y sigue siendo, una casa. Una casa de comidas, una casa de amigos, una casa de Barcelona.

    Y 37 años después, esa idea sigue teniendo más sentido que nunca.

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