El pasado martes 29 de septiembre, Chinampita se presentó oficialmente en Barcelona. La taquería mexicana fundada en 2012 daba así un paso importante en su historia: después de consolidar 14 establecimientos en México, la marca abría en la capital catalana su primer local en Europa y el número 15 a nivel global.
La dirección escogida es Rosselló, 172, en pleno Eixample y a pocos minutos de Enric Granados, una de esas zonas de Barcelona en las que restauración, diseño y vida urbana llevan años marcando el ritmo. Un contexto especialmente interesante para una marca que llega con una identidad muy definida y con la intención de trasladar su manera de entender el taco sin convertirla en una versión europea de sí misma.

Incluso su nombre remite directamente a México. Chinampita se inspira en las chinampas, el antiguo sistema agrícola mesoamericano desarrollado sobre pequeñas superficies de cultivo rodeadas de canales en el Valle de México. Una referencia al origen, al producto y a esa relación con la tierra que la marca ha querido conservar desde su nacimiento.
Después de 14 establecimientos en México, Chinampita ha elegido Barcelona para abrir su primera taquería en Europa y comenzar su expansión internacional.
Al frente del proyecto está Diego Castillo, fundador de Chinampita, que hace más de una década puso en marcha el primer establecimiento en México. Durante la presentación barcelonesa explicaba que el salto internacional llevaba tiempo formando parte de los planes de la compañía, pero que era importante encontrar una ciudad y un socio local capaces de entender el proyecto sin desdibujarlo. Barcelona apareció como ese primer destino europeo y el encuentro con Giovanni Pardo, cofundador de Chinampita España, terminó de dar forma a la operación.

La elección tampoco resulta extraña. Barcelona cuenta con una escena gastronómica cada vez más abierta a propuestas internacionales y, especialmente en los últimos años, la cocina mexicana ha ganado espacio, público y exigencia en la ciudad. Para Pardo, precisamente ahí está una de las claves: México y Cataluña comparten una cultura gastronómica en la que el producto, las recetas y el acto de reunirse alrededor de una mesa siguen teniendo un peso considerable.
Durante la presentación insistía también en la voluntad de conectar Chinampita con Barcelona y trabajar con producto de proximidad siempre que resulte posible, manteniendo al mismo tiempo los ingredientes y técnicas que definen su cocina.
Pero antes incluso de llegar al taco, el nuevo Chinampita entra por los ojos. Para su debut europeo, la marca ha confiado el interiorismo al estudio barcelonés Pichiglas Studio, que ha desarrollado una evolución de su identidad pensada específicamente para este local.

El proyecto mezcla referencias de los diners americanos de los años setenta con códigos de las taquerías, las cantinas y los puestos callejeros mexicanos. Desde la calle, el gran luminoso de Chinampita y una entrada que recuerda a las antiguas marquesinas de cine ya anticipan el carácter gráfico del espacio. Dentro aparecen acero inoxidable, cerámica, rótulos pintados a mano, neones y una intensa combinación de rojo y amarillo, dos colores históricos de la marca a los que se incorpora ahora el azul.
Alfonso de la Fuente, fundador de Pichiglas Studio, explicaba durante la presentación que el objetivo fue hacer evolucionar el universo visual de Chinampita aprovechando precisamente su llegada a Europa, pero sin perder aquellos elementos que ya la hacían reconocible en México. El resultado tiene un marcado punto retro, urbano y deliberadamente desenfadado, muy alejado de una escenografía mexicana literal.

Buena parte del mobiliario se ha diseñado además a medida para el restaurante. Los taburetes de acero inoxidable anclados al suelo recuerdan inmediatamente a los diners norteamericanos, mientras que mesas, estanterías, sillas y diferentes piezas de iluminación se han desarrollado expresamente para el espacio. Algunas lámparas nacen incluso de la recuperación y combinación de piezas y antiguos stocks trabajados desde el propio taller del estudio. La cocina abierta, acabada en acero inoxidable, y el gran neón dedicado a los tacos al pastor terminan de construir una imagen pensada para tener personalidad propia en una ciudad especialmente sensible al diseño.
Pichiglas Studio mezcla el universo de los diners americanos de los setenta con los códigos visuales de las taquerías y cantinas mexicanas.
Y entonces llegan los tacos. Las tortillas se hacen a mano y al momento, uno de los puntos esenciales del concepto desde sus orígenes. En la carta aparecen el taco al pastor, con adobo propio y carne cocinada en trompo; el de asada; el campechano; arrachera o rib eye, junto a alternativas de nopales, hongos y jamaica. También pueden pedirse en costra de queso, tortilla de harina o en formato volcán.

Para empezar, hay guacamole, queso fundido con chorizo o setas, cebollitas asadas y nopales, además de diferentes burritos. Y en los postres, dos referencias reconocibles: flan de dulce de leche y pastel de tres leches.
La parte líquida sigue el mismo cruce de referencias. Cervezas mexicanas como Corona, Pacífico y Modelo conviven con Estrella Damm y Turia; hay aguas frescas de horchata, limón y jamaica, y una carta de cócteles en la que aparecen margaritas, mezcalinas, palomas, micheladas y carajillo mexicano.
Con Barcelona como primera parada, Chinampita abre ahora un capítulo completamente nuevo fuera de México. Y lo hace en un momento en el que el Eixample continúa sumando direcciones gastronómicas con una identidad visual cada vez más cuidada. En la calle Rosselló 172, el taco es el protagonista, pero diseño, música, color y ambiente forman también parte de la ecuación.


